4:24 AM.

Enclaustrado en la paz de mi santuario personal, me acurruco en mi mente tratando de escurrir siquiera una gota de aparente vitalidad de mi cerebro. Una gota a extender sobre el níveo manto de las sanas disposiciones con el fin de exhibir una vitalidad que no obstante se resiste a salir de ésta colosal glándula segregadora de ideas que se esconde tras mi cráneo.
Las emociones, los sentimientos, se resisten a ser significativos o dignos de comentario alguno. Son tan grises como los hombres y circunstancias que los evocan. Gracias a Dios, que me ha dado una mentalidad según la cual la tibieza y la mansedumbre no son sino grilletes y cadenas que amordazan el verdadero espíritu combativo que ha hecho incluso del más pequeño de los hombres la más grande de las leyendas. Gracias a éste regalo de inconformismo, me nace de lo más profundo de mi alma rugir cual bestia herida y enjaulada ante tal sinsabor de la vida, con lo que puedo dedicar un sincero sentimiento hacia lo que me rodea, en la búsqueda de un diagnóstico a lo que me ocurre realmente.
Desprecio a la vileza inherente a lo anodino
No hay en el mundo entero rollo de pergamino suficiente como para plasmar la magnitud de la desazón, del cansancio moral, del profundo, visceral, y copioso hasta la más angustiante y vomitiva arcada del DESPRECIO que siento hacia el gris planteamiento de la vida de la inmensa mayoria de los hombres, que contagian de un modo u otro los planteamientos de quienes deberían por poderosas razones no atenerse a procedimientos insulsos y temporales sino a causas eternas. Es su efecto en éstos últimos lo que verdaderamente duele. No molesta una noche sin luna, que de esas hay alguna, e incluso en la más absoluta oscuridad se puede encontrar cierto grado de placer, ya sea en dirección a cierta paz, ya sea en dirección que igual daría que fuera a plena luz del día.

Molestan, sin lugar a la discusión, las gambas sin sabor, las mujeres sin tetas, los hombres sin polla y las banderas sin causa a la que representar. Son nocivas las canteras sin canteros, los bares sin tapas, los ejércitos sin soldados y los soldados sin misión.
Encadenada está en la niebla de la inactividad la juventud que deberia traer el sol del nuevo amanecer. No hay nuevas motivaciones, se va de casa al bar y del bar a casa, al gimnasio a ciclarse, y del gimnasio a la discoteca vestido de homosexual para gustar a féminas sin valor personal. Se va al trabajo a hacer horas, lo menos trabajadas posible, para volver a casa sin la menor sensación del deber cumplido, el deporte se practica esporádicamente, sólo cuando cuando el cinturón aprieta nuestra mala vida de excesos inmeditados, dejando a un lado el sentir del alegre compañerismo en la sonrisa de tu camarada tras una constructiva sesión de sudor al aire libre.
¿Hasta cuando seré testigo de ésta desgracia que carcome nuestra juventud? ¿seremos merecedores de la gloria de acabar con éstos malditos grilletes de la autoesclavitud?
¿Hay alguien más que piense lo mismo que yo a este respecto? ¿tendremos, todos juntos, la sangre para acabar con este desgaste, con ésta autoesclavitud?
BK.
Al final la mayoría de la gente se limita a seguir las directrices que marca la sociedad imperante.
ResponderSuprimirCuando la sociedad pedía soldados y monjes, la sociedad obtenía soldados y monjes; cuando la sociedad pedía intelectuales y políticos, la sociedad obtenía intelectuales y políticos; cuando UNA sociedad pidió guerreros comprometidos con un ideal, esa sociedad los obtuvo, incluso venidos de fuera a luchar por unos colores (negro, blanco y rojo) que no eran obligatoriamente los suyos.
A día de hoy la sociedad pide algo muy distinto, pide vagos, pide inútiles, pide lameculos, pide indiferencia, pide relativismo moral, pide culpabilidad por omisión, pide consumismo, pide... un cúmulo de borregos.
Y la verdad es que parece muy difícil luchar contra toda la sociedad... nos toca limitarnos a escribir lo que pensamos, porque es la única forma que tenemos de vomitar toda la rabia que sentimos hacia el mundo moderno, y esperar esa señal que nos indique que es la hora de actuar; aunque quizás muramos sin haberla recibido...
No te falta razón amigo Malnatt, y me permito añadir que si es tan sumamente difícil luchar contra toda una sociedad de vagos, de lameculos e inútiles, es desalentador hasta el profundo desasosiego el ver que en parte esas actitudes contagian al militante antisistema, al que dice no seguir el discurso general de la sociedad.
ResponderSuprimirY por esto digo que no sólo hemos de escribir lo que pensamos, sino que hemos de materializar nuestro pensamiento en cada acto de nuestras vidas. Es imperativo que marquemos la diferencia, o de lo contrario estamos completamente perdidos. Hay que extender el planteamiento de que se ha de ser fascista en cuerpo y mente, desde el trabajo hasta el descanso en el hogar, en el ocio, en el trato humano, en la forma de alimentarnos... me cago en satanás, ¡hasta en los andares!
BK.